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Artículo de opinión

13/07/2014


Epsilon-Hiriko: Falsas verdades peores que mentiras verdaderas

En mi trabajo en el Parlamento soy neófito, llevo solo año y medio.

Me ha correspondido participar en la comisión de investigación de las ayudas públicas a Epsilon e Hiriko, y reconozco que me he estrellado contra una realidad que, en mi bisoñez, desconocía. Me resisto a aceptarlo calladamente.

Fui a la comisión con el sincero deseo de, aun defendiendo posiciones partidarias, analizar racional y lógicamente lo que podía haber ocurrido, para que, una vez leído y escuchado todo, hacer una análisis lo más objetivo y transparente posible, un relato que transmitir a la ciudadanía, y en el que, si había que asumir críticas por cosas mal hechas, se hacía. Esa era mi sincera posición de partida.

Una vez finalizada, he de confesar que me cuesta mirar a los otros componentes de la comisión sin que el alma se me agriete. Miro para mis adentros y confieso que, aunque con firmeza en mi convicción, algo se me ha roto en el espíritu.

He intentado trabajar por la fidelidad, por las verdades comprobables. Esa es la manera en que yo veo se debe hacer política, servir a un País y  a sus ciudadanos.

Cuando iba dispuesto a aceptar la comprobación fiel de que algo no se hubiera hecho bien, topé con una insoportable manipulación de datos, con la perversión de documentos y de frases elegidas a vuelapluma con intención de hacer daño al opositor, de convertirlo en contrario, en enemigo a batir, lejos de la búsqueda de la verdad. Todo porque las verdades localizadas no parecieron suficientes para dañar, no respondían a sus intereses electorales, que son espurios cuando se buscan de una manera exclusiva, sin el complemento de aportar algo positivo a la sociedad a la que servimos.

El documento aprobado está trufado de verdades, pero de verdades parciales, más tramposas que la pura mentira. Son verdades parciales vertidas para dañar al oponente, son verdades mentirosas, lanzadas para engañar al lector o escuchador de las mismas, son verdades parciales que dirigían a conclusiones tramposas, hiperbólicamente engañadoras e intentar generar una sensación de desastre en la gestión, cuando todos saben que, si bien se pudo hacer mejor, mal no se hizo.

Al responsabilizar al Consejo vasco de promoción económica, en ningún sitio se ha explicado que la selección de proyectos se efectúa desde un sistema concursal, en el que cientos de proyectos comparecen, unos técnicos expertos deciden sus puntuaciones, y el famoso consejo ratifica. No se clasifican los proyectos por voluntades políticas, se hace por selección técnica. Por la misma regla de tres, el Ministerio de Madrid que otorgó otra ayuda, podía ser reprobado. Aprobaron el mismo proyecto con un método similar. En Madrid le dieron 11 millones, aquí 3. La verdad parcial es resaltar un 3 y ocultar un 11.

Al responsabilizar al Consejo de Administración del parque Tecnológico de Álava, se utiliza un solo informe, realizado el 2012 por un director del gobierno socialista. Al castigar al consejo de Administración, se ha obviado que, por dos veces, el Tribunal vasco de Cuentas señaló que la operación era correcta. Al sancionar aquella decisión, se ha obviado que los asesores jurídicos externos del parque fueron los que redactaron el contrato que se firmó. También se ha obviado que entre los dos informes del Tribunal vasco de Cuentas, uno solo de sus miembros cambió de opinión, su Presidente. También nos han ocultado que, estas semanas, se han cruzado varios correos los presidentes de la Comisión, Sr. Barrio, y del Tribunal, Sr. Churiaque, y que este último terminó por agradecerle el capote al primero. La politización perversa de esa relación no aparece en ningún lugar del informe. Solo el PNV ha pedido su reflejo.

Porque, y esa es otra, lo mismo da decir el 10 de Junio que Hiriko fue una estafa, que exclusivamente se robó, que, el 15 del mismo mes, denunciar que se van a perder unas patentes, y chivarse al españolazo fiscal. En qué quedamos?, o se robó para no hacer nada o se ha hecho un trabajo que vale mucho y se puede perder. Las dos cosas no parecen compatibles. Pues bien, en el informe que aprobó la comisión, las dos son posibles, y en ambos casos el culpable es el PNV.

Si es un engaño el informe, tanto más lo son sus alegaciones. Así, EH BILDU, si en el caso Epsilon, castiga al director de SPRI, en el caso Hiriko, aunque también señalan al mismo organismo y tampoco se sabe por qué, el dedo acusador no busca a su director, que casualidad, era de sus amigos del PSE, señala a un técnico de segundo nivel que pasaba por ahí. Todo da igual, si es del PNV o tiene un cuñado simpatizante, hasta el celador es culpable.

Si nos cuentan que una nueva empresa quiere explotar fraudulentamente patentes de Hiriko, nominan a dos personas y las señalan del PNV, que ya digo que no lo son, mientras ocultan a un tercer empresario que fue candidato de BILDU al senado por Araba, que ya digo que sí. Y así, dale que te pego en el concurso de despropósitos.

Eso sí, todos los nombres que se citan en el informe, y que tienen su vida privada y laboral, poco importan, y si de lo que la comisión debata con medias verdades, se puedan colegir consecuencias en esos ámbitos para esas personas, nada importará, los parlamentarios seguirán cobrando sus sueldos. Qué importará cuando asuntos de esas personas queden sobreseídos, ya ni se acordarán de ellos. Sirvieron por un momento para dañar. Los parlamentarios seguirán haciendo política bastarda.

En el fondo, aunque se les llene la boca de transparencia, de informar a la ciudadanía, esta comisión, en un vergonzante pacto entre PP, EH-BILDU y UPyD, aunado con el silencio cómplice de quien ha salido falsamente bienparado, ha desinformado, ha utilizado trapaceramente la información,  ha sesgado los datos para quedarse con lo que le interesaba, y así arrimar el ascua a su sardina, aunque el ascua estuviera húmeda y la sardina podrida.  Todo por humillar al PNV. Una comisión de investigación no es para hacer política, es para desbrozar la verdad. Y, en este caso, no se ha buscado la verdad, se ha buscado y encontrado su verdad, una verdad que han votado, pero la verdad es otra cosa, no es democrática, la verdad no se vota.

Y yo, lo reconozco, algo se ha roto en mi alma o debo ser un tonto iluso…o las dos.

Luis Javier Tellería

Parlamentario de EAJ-PNV

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Luis Javier Telleria

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