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Artículo de opinión

10/10/2014


El PP, el cine de Antzuola y los porros

Según un estudio de 2012, el último año han fumado cannabis en Euskadi 103.000 vascos; el último mes, 71.000; la última semana, 45.000, y ayer, 28.000

De pequeño, allá en el cine parroquial de Antzuola, cada domingo proyectaban una película. En general, aquellos filmes eran nefastos, lo que no evitaba que en los mismos hubiera besos, faldas cortas o yo qué sé. En el momento en que aquello iba a ocurrir, el señor que proyectaba la película, que había marcado las zonas prohibidas con cinta, tapaba el objetivo y nos negaba lo que el párroco había entendido como una pecaminosa perversión.

Nos enfadábamos, lógicamente, con el escamoteo de imágenes y ellos lo justificaban asegurándonos que se trataba de nuestro bien y nuestra salvación eterna. Nosotros terminábamos por imaginarnos las censuradas escenas, dando como resultado algo mucho más tórrido que el original. Mi imaginación prefería convertir las censuras en algo inenarrable. Eran actitudes hipócritas a más no poder. Unos tapaban, otros magnificaban y todos se mentían. Algún lector, o muchos, pensarán que he fumado algo fuerte o cosas peores, pero no, al menos antes de escribir este artículo, que luego, vaya usted a saber. Se trata de intentar ilustrar la actitud que hasta ahora ha mostrado nuestra sociedad con el cannabis, con la marihuana.

No sé si los lectores que ahora ojean este artículo han fumado marihuana alguna vez, lo que sé es que en Euskadi lo han hecho 470.000 ciudadanos. También puedo decirles que, según un estudio de 2012, el último año han fumado cannabis en Euskadi 103.000 vascos; el último mes, 71.000; la última semana, 45.000, y ayer, 28.000. Si uno pasea por las calles de nuestros pueblos y ciudades, si alguien camina por campos y montes de Euskadi, se irá topando, casi sin darse cuenta, con el cannabis. De una manera despaciosa y normalizada se ha ido introduciendo pero parece que, al revés que en el cine, que nos lo tapaban otros, nosotros mismos cerramos los ojos a la realidad.

En el Parlamento Vasco, en una ponencia específica, acabamos de aprobar unas conclusiones en las que, en resumidas cuentas, solicitamos al Gobierno vasco, y especialmente al Gobierno español, decididos pasos para normalizar el uso de la sustancia y quitarnos la venda que nosotros mismos retenemos. Como no estábamos fumados, ni mucho menos, la propuesta de dar pasos en normalizar el uso del cannabis en Euskadi la hemos hecho apelando a la regulación de los clubes sociales de cannabis, ya existentes, que son organizaciones que, de momento, han mostrado capacidad de autoorganización y la suficiente sensatez. Ellos pueden ser los artífices de una regulación controlada y razonable.

Lo que hemos entendido es que, al menos, como ahora estamos no podemos seguir. No puede ser que, con todas las bendiciones de todas las autoridades de este país, se celebre, hace quince días, una feria a todo trapo sobre marihuana en Irun y que, a diez kilómetros. de allí, en Oiartzun, hace catorce días, se destruya una plantación de un club de cannabis por instrucción de un fiscal. Ni puede ser que cada plantación destruida por orden del fiscal genere una causa que a los dos años sobresea un juez. Eso es un sinvivir.

Sabemos que el cannabis, la marihuana, no es inocua, que hace daño, pero apelamos a la libertad individual, al tiempo que solicitamos a los poderes públicos que alerten e informen de las posibles consecuencias de su consumo. Incluso que insistan en promover su no consumo, como con otras sustancias legales que no cito por conocidas. Todo ello no obsta que se permita la libertad de elección de vicios y virtudes. No solo se trata de una sustancia que encontramos en nuestro entorno, sino que países como Uruguay, Holanda y Estados Unidos han dado pasos para su legalización. Hace poco, siete expresidentes latinoaméricanos, un exsecretario de Estado estadounidense, un exsecretario de la ONU y otras exautoridades, apelaron a la opinión pública internacional para dar pasos en la legalización de drogas. Si bien se podría pensar que podrían haberlo hecho cuando no eran ex, se debe reconocer que gente que ha tenido poder solicite dar este paso. Resulta enormemente significativo, en tanto se trata de reconocer que no hicieron algo que había que haber hecho y que mantener la ilegalidad no ha resuelto nada en decenios.

En resumen, hemos finalizado una ponencia, lo que ya en sí mismo es un triunfo, y hemos terminado con conclusiones pactadas, por todos menos por el PP, lo que no me sorprende.

El PP es el único capaz de seguir haciendo lo del cine de mi pueblo, tapar para negar la existencia, pero al tiempo incluir el tráfico de drogas en el cálculo del PIB, o lo que sería ver la película a escondidas, sin censura. No la quieren legal, pero sirviendo para incrementar la capacidad de deuda, bienvenida sea.
Sabemos que el Gobierno vasco, y en concreto su Departamento de Salud, con el que hemos trabajado todo este tiempo, van a ahondar en las conclusiones de la ponencia, pero también sabemos que su capacidad es limitada.

En la medida en que la verdadera capacidad para una legalización real del cannabis está en manos de las Cortes Generales, la posición del PP, con mayoría absoluta en las mismas, resulta más dolorosa. Carmelo Barrio, su portavoz en drogas, se seguirá negando a dar un solo paso para avanzar en la legalización de una planta que está en nuestros montes y balcones y de unos cigarros que se fuman en nuestras calles. Derechos individuales, regular el uso del cannabis a través de clubes sociales e informar y educar sobre los perjuicios de su consumo es el resumen del trabajo de dos años, es quitarnos un poco las vendas que teníamos puestas, es asumir el necesario debate público para seguir avanzando, es reconocer que está a nuestro lado y que, nos guste o no, la libertad es aprender a convivir y a elegir. Terminado el artículo me voy a fumar un purito y beber un gin-tonic, que, aunque malos para la salud, son legales.

AUTOR


Luis Javier Telleria

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